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lunes, 12 de octubre de 2009

[ Lost In Your Eyes]


Tengo razones para sonreír, razones para destacar. Y esa razón es Él.

Él. El muchacho de los ojos azules que habla con tanta inteligencia, destilando admiración e hipnotizando al clavar su mirada sobre mis esquivadizos ojos.

Anhelo de Otoño.


Inconscientemente,
Extraviada bajo el embriagador y caótico éxtasis
que el afilado matiz de sus ojos provoca en mí.
Desde mi lúgubre averno le llamo con inverosímil fervor;
¡Oh, proclive ángel! Ven a mí, quédate y fortalece mi dolor…

Imposible.

Es inverosímil caminar sobre este escarpado sendero
sin dejar de imaginar aquellos ojos de hielo.
Gélidos, grandes y serenos,
esos fríos y arrebatadores ojos me fulminan.
Arrogantes e indiferentes
Pues su excelsa mirada custodia la sabiduría febrilmente.

Y pausadamente el apasionado frenesí se apodera de mí…
Delirios y visiones que nublan mi lasciva conciencia.
Gallardo príncipe, permítame mostrarle a su ignota razón
la cripta que ahora es mi corazón.

Frágil.

Los tenues rayos de la luna parecen quebrarse
en cuanto él irrumpe en mis aposentos.
Tan altivo, tan soberbio y sublime como siempre,
sucumbí tan sólo al extraviarme tras aquellos ojos crisálidos.
Esos inocentes ojos que embriagaron a mi débil esencia
aquellas mañanas del inevitable y severo otoño.








Sólo basta con mirar tus ojos para hacerme sonreír a lo largo del día. Y, aunque serio y distante, me encantaría conocer lo que ocultas trás esas palabras triviales que retumban en mi mente.



En serio te lo agradezco.

miércoles, 24 de junio de 2009

~Los Beneficios De La Luna

¿Recuerdas cuando soliamos ver el atardecer a lo lejos?,
y como decias: "esto nunca acabara",
te crei cada palabra
y supongo que tu tambien lo hacias,
pero ahora dices :
"hey, pensemos en acabar esto".



Me encuentro en examenes finales de semestre, por ello no he podido actualizar. En este momento debería estar estudiando para mi examen de mañana, son 70 reactivos en juego, pero no. Sólo me limito a delirar y malgastar mis segundos. El examen estará fácil (lo sé), el único problema es la gran cantidad de preguntas.

Al final todo valdrá la pena, pues tendré vacaciones y podré volver a ver tu frágil sonrisa, tomar tu fría mano y decirte cuanto te he extrañado.

Mejor comparto con ustedes una pequeña prosa poética de Charles Baudelaire
(a.k.a "El Poeta Maldito"), uno de mis favoritos.



La Luna, que es el capricho mismo, se asomó por la ventana mientras dormías en la cuna, y se dijo: «Esa criatura me agrada.»

Y bajó muellemente por su escalera de nubes y pasó sin ruido a través de los cristales. Luego se tendió sobre ti con la ternura flexible de una madre, y depositó en tu faz sus colores. Las pupilas se te quedaron verdes y las mejillas sumamente pálidas. De contemplar a tal visitante, se te agrandaron de manera tan rara los ojos, tan tiernamente te apretó la garganta, que te dejó para siempre ganas de llorar.

Entretanto, en la expansión de su alegría, la Luna llenaba todo el cuarto como una atmósfera fosfórica, como un veneno luminoso; y toda aquella luz viva estaba pensando y diciendo: «Eternamente has de sentir el influjo de mi beso.

Hermosa serás a mi manera. Querrás lo que quiera yo y lo que me quiera a mí: al agua, a las nubes, al silencio y a la noche; al mar inmenso y verde; al agua informe y multiforme; al lugar en que no estés; al amante que no conozcas; a las flores monstruosas; a los perfumes que hacen delirar; a los gatos que se desmayan sobre los pianos y gimen como mujeres, con voz ronca y suave.

«Y serás amada por mis amantes, cortejada por mis cortesanos. Serás reina de los hombres de ojos verdes a quienes apreté la garganta en mis caricias nocturnas; de los que quieren al mar, al mar inmenso, tumultuoso y verde; al agua informe y multiforme, al sitio en que no están, a la mujer que no conocen, a las flores siniestras que parecen incensarios de una religión desconocida, a los perfumes que turban la voluntad y a los animales salvajes y voluptuosos que son emblema de su locura.»

Y por esto, niña mimada, maldita y querida, estoy ahora tendido a tus pies, buscando en toda tu persona el reflejo de la terrible divinidad, de la fatídica madrina, de la nodriza envenenadora de todos los lunáticos.